Mostrando entradas con la etiqueta Autopublicación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autopublicación. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de marzo de 2017

EL PERFIL DE LOS LECTORES


Una de las principales inquietudes de los que nos dedicamos a escribir libros es identificar a nuestro nicho de lectores, descubrir a partir de qué imputs pueden llegar a leer nuestros libros y captar los gustos y rutinas de la gran mayoría de ellos. No en vano, y a pesar de que muchos autores afirman escribir para sí mismos, cuando creamos nuestras obras, lo estamos haciendo para un público que desconocemos. Habrá que conocerlo mejor, pues...

Partiendo de la base que nuestra obra tenga calidad, gancho comercial y una buena historia que además esté bien contada, no hay que olvidar que el factor suerte juega un papel fundamental dentro del mundo editorial y muchas obras -buenas o malas- se han convertido en superventas sin que ni siquiera sus editores supiesen que tecla mágica habían tocado. Guardado pues el factor suerte en un cajón, es el momento de averiguar quién nos lee, cuándo nos lee, qué les llama la atención de nuestros libros y dónde nos lee. Una portada sugerente y atractiva, una sinopsis que sepa poner la miel en los labios, un título impactante, un booktrailer, una buena reseña, la publicidad... Todos estos son factores que tienen muy en cuenta editores y escritores siguiendo los criterios que marca la lógica, pero... ¿es así? ¿Los lectores elegirán una de nuestras obras atraídos por todo ese merchandising? La respuesta no es ni sí ni no. Toda esta artillería de efectos comerciales ayudará a hacer más atractivo nuestro producto, pero debemos saber que los lectores escogen también bajo otras premisas.

Me remito a los datos del CIS, concretamente en el barómetro cultural de septiembre de 2016, para poner sobre la mesa algunos datos que todo aquel que esté en este mundillo debería saber. Un buen dato para empezar, es saber que la lectura es la segunda afición cultural preferida de los españoles, solo por detrás de la música y por encima del cine, pero no es el único; otro dato que llena de esperanza al mundo editorial es que un 28,6% de los españoles lee todos o casi todos los días y otro 14,6% lo hace una o dos veces por semana. También cabe decir, que el 35% de la población no nos leerá nunca ni por casualidad. Es el segmento de entre 30 y 50 años el más voraz, con una paridad parecida entre ambos sexos, aunque ligeramente superior el de las mujeres. Otra cuestión que hay que tener en cuenta son los hábitos de lectura. ¿Dónde leen y a qué horas? En ese sentido, el propio estudio del CIS recoge unos resultados que resultan obvios, pero quizás su porcentaje no tanto. El 89,80% lee en casa, de modo que se pone en cuestión la comodidad de otros formatos, como el eBook o el libro de bolsillo y solo el precio condicionaría la elección de estos.

En cuanto a los horarios preferidos de lectura, según se puede comprobar en las estadísticas de portales como Amazon o Casadellibro, los lectores suelen leer entre las 08:00 y las 09:30 de la mañana, entre las 18:00 y las 20:00 y entre las 23:00 y las 00:00; siendo la franja de la tarde la más activa, superando el umbral del 60%.

Una vez identificados los hábitos de los lectores, es conveniente investigar cuáles son sus preferencias en cuanto a temática. La categoría reina es la novela histórica (23,80%), además con una ventaja muy holgada con la segunda, la novela en general (19,50%). Resulta curioso que la novela sentimental o de amor solo cubre un nicho de demanda del 5,60% y las novelas de aventuras un 8,90%.

Y por último, es necesario saber bajo qué criterios escoge los libros el consumidor, que en el fondo es lo que más nos interesa. Lógicamente, el principal criterio, con un 60,70% es el propio del instinto de cada lector, un 26,50% escogen las lecturas por recomendación, por las opiniones en internet solo un 2,30%, por publicidad un 3,50%; y lo más curioso, por recomendación del librero, un bajísimo 1,70%. Barajadas estas cifras, queda demostrado que el envoltorio del libro y la temática juegan un papel muy importante, principalmente, en una sociedad impaciente y caprichosa donde la inmediatez juega un papel muy importante. Cabe añadir, que la gran mayoría, más de un 60%, escoge sus lecturas por su género o temática y otro 20% reconoce hacerlo por el nombre del autor.


Llegados a este punto, podemos concluir que el lector ideal es un hombre o mujer de entre 30 y 50 años, que les gusta la novela histórica, que leen en casa entre las seis y las ocho de la tarde, que suelen hacerlo dos o tres veces por semana y que mayoritariamente son soberanos a la hora de escoger sus lecturas.

martes, 13 de diciembre de 2016

QUIÉN VENDE NUESTROS LIBROS




No estoy diciendo nada nuevo si afirmo que el mundo editorial está cambiando a pasos agigantados y que los roles de los implicados en la venta de un libro se han ido transformando. Parece claro que el autor debe saber mostrarse más que hace unos años y que su actividad en la promoción de sus obras se convierte en un factor innegociable. En el fondo, el primer interesado en que un libro se venda debería ser el propio autor y por ese motivo, entiendo que es vital que se encargue de mover algunos hilos de la marioneta porque, de lo contrario, ya podemos cerrar el teatrillo.
En ese sentido, las editoriales encuentran en el autor a un aliado perfecto para la promoción de sus títulos. Barato y comprometido, claro que sí. De hecho, casi todas las editoriales se fijan en la actividad y el impacto de sus autores en redes sociales y en los medios de comunicación; e incluso, de manera velada, nos sugieren que tengamos esa proactividad. De hecho, el autor de hoy en día difiere mucho de aquellos que incluso se permitían enviar a la mierda a sus lectores. Pero que un autor tenga buena mano a la hora de venderse no quiere decir que las editoriales no deban poner en marcha el mismo engranaje con el que han hecho mover sus maquinarias durante décadas. Aunque la vida de una publicación sea mucho más efímera de lo deseable, durante esos tres o cuatro meses de gracia, las editoriales deben luchar por cada uno de sus títulos con independencia de la actividad paralela que aporte el autor. No todos tendremos la portada de nuestros libros en el lateral de un autobús, ni en una cuña radiofónica, ni en un anuncio de televisión... Es de sentido común que las grandes inversiones se hagan con aquellos que sus ventas tendrán el retorno económico correspondiente, pero para los demás, los editores deben seguir ofreciendo librerías donde firmar, ferias del libro donde asistir y eventos literarios que encajen con la temática de cada libro. Es importante que se establezcan vínculos con clubs de lectura, con bloggeros, youtubers y con emisoras de radio -por pequeñas que sean-. Y es que los autores, con independencia de lo poco o mucho que vendamos, necesitamos sentirnos acompañados en nuestros proyectos. Una manía que tenemos, oiga...
Escribir es una actividad muy solitaria. Y no me refiero únicamente a teclear delante de un monitor, hay que acordarse de la fase de documentación, de los momentos de reflexión, de la composición de la trama o de las tediosas correcciones. Luego nos llega una etapa de absoluta incomprensión, la que transcurre mientras esperamos noticias de las editoriales. Son procesos que suelen abarcar meses e incluso años, pendientes de una llamada o de un correo electrónico que tarda en llegar mucho más de lo que somos capaces de comprender. Soledad, soledad y más soledad... Y cuando llega el momento de publicar, uno tiene ganas de dejarse de sentir como un anacoreta en el desierto y necesitamos que alguien nos acompañe en el final de la travesía para llegar juntos a ese puerto llamado éxito.

Me niego a creer que el distribuidor sea un mero transportista, que el agente literario sea un gestor, que la editorial sea una imprenta y que los libreros sean unos simples tenderos. Todos los que formamos parte de este maravilloso mundo de locos acabaremos comiendo de la misma mesa, aunque algunos tengamos que conformarnos con la parte más pequeña del yantar; y digo yo, que saciar la hambruna de estos tiempos de vacas flacas es motivo suficiente como para que todos pongamos mucho más de nuestra parte.

miércoles, 29 de junio de 2016

LA PORTADA IDEAL PARA NUESTRO LIBRO

  
Al hilo de mi último post La portada como elemento identificativo, en esta ocasión ahondaré en otros aspectos a tener en cuenta a la hora de escoger una portada. Hay elementos que el marketing editorial ha trabajado durante años y que los lectores han aprendido a identificar.

Escoger una gama de colores:
A nadie escapa que cada color puede transmitir una sensación determinada. Afectan al ánimo de las personas y cuando se trata de consumir, una gran parte de nuestro instinto se deja llevar por nuestras emociones. El azul, por ejemplo, representa pureza, confianza y seguridad; el rojo lo asociamos al coraje, al amor, la pasión y el crimen; el amarillo nos identifica con la felicidad y el optimismo. El verde inspira paz, frescura y crecimiento; el blanco nos transmite pureza e inocencia, mientras el negro lo podemos asociar al poder, la elegancia, el secreto y el misterio.

Destacar un tipo de letra:
Los procesadores de textos actuales nos ofrecen cientos de posibilidades a la hora de elegir el tipo de letra para nuestra portada. La grafía de nuestro título es un elemento identificativo, un gancho más para trasladar al autor a otra época o para sumergirlo en una historia de pasión, de humor o asesinatos.

Ilustración y fotografía:
La elección de los elementos visuales de la portada es otro factor a tener en cuenta. No hay que olvidar que el ojo humano es muy rápido y sus impulsos llegan al cerebro antes que la propia racionalidad. ¿No os ha ocurrido que habéis ido a una tienda a comprar una cosa y habéis comprado otra que os ha llamado la atención? Una imagen que identifique el contenido de nuestro libro es una manera eficaz de llegar al subconsciente del lector. Eso sí, esa imagen deberá corresponderse con el contenido del libro.

* * *

Cada género literario tiene su propio cliché y la experiencia nos demuestra que estos mecanismos de diseño suelen funcionar. Además, resulta muy útil al lector porque simplifica su búsqueda. Él espera encontrar un color, un tipo de letra y ese elemento identificativo que está estrechamente ligado a su target como lector.

Pongamos varios ejemplos de este compendio de elementos incorporados a un género determinado y empezaremos por el más evidente: la novela negra.
  



Prevalecen los colores negros del misterio y del poder, con el rojo del crimen, de la pasión; títulos cortos e impactantes, letras que destacan y elementos identificativos como una montaña de sal, el cañón de una escopeta o los hilos de una marioneta. Personalmente, siempre he encontrado sublime la portada de El Padrino.

La novela histórica tiene también unos estereotipos muy marcados que funcionan desde hace muchos años. Tonos tostados, marrones y ocres que nos transportan al pasado; elementos de identificación visual: una espada, un centurión o un religioso con un libro antiguo en sus manos. Además, el tipo de letra está perfectamente seleccionada y nos recuerda a gafrías utilizadas en otras épocas.


Si nos fijamos en los libros inspiracionales o de autoayuda, descubriremos que los patrones son bastante diferentes a los utilizados para captar la atención de los lectores de novela. Las letras son importantes y sus títulos son como luces de neón para nuestros sentidos. Pretenden llegar a los lectores en forma de mensajes que éstos necesitan percibir y los colores de la portada nos inspiran confianza, esperanza y optimismo.


Todos estos tips nos serán útiles para ser identificables en una librería o en una web y serán una pre-sinopsis rápida y eficaz.

jueves, 9 de junio de 2016

LA PORTADA COMO ELEMENTO IDENTIFICATIVO


Creo a ciencia cierta, y así lo he manifestado en algún post antiguo, que una buena portada es sinónimo de éxito. Una imagen sugerente, un tipo de letra distinto e identificable o, incluso el color de los elementos que la conforman forma parte del marqueting editorial moderno. Es evidente, que una portada no lo es todo; fundamentalmente, porque lo realmente interesante es el argumento que se encontrará uno en su interior. Pero a nadie escapa que hoy en día, donde es tan importante la inmediatez, las sensaciones a primera vista son fundamentales y hay que saber captar al consumidor.

Permitidme que haga un símil con un fabricante de caramelos. Supongamos que elabora los mejores caramelos del mundo; dulces, sabrosos y que no se pegan a los dientes. Resultan deliciosos porque tienen algo único, un sabor diferente. Pero claro, serán riquísimos, pero si el envoltorio es feo y poco sugerente no llamará la atención de nadie.

Sirva esta comparación para entender que no todo es una buena obra, sea del género que sea; los lectores potenciales que escogerán un libro en una estantería o en una página web se fijarán también en el envoltorio.



Nadie puede poner en duda la calidad de estos clásicos; no en vano, muchos de ellos habitan indefinidamente en miles de estanterías de nuestros hogares y el tiempo les ha otorgado la etiqueta de grandes clásicos de la historia. Pero mirad sus portadas. ¿Creéis realmente que cualquiera de estos libros se venderían hoy en día?


Cada autor busca repetir los elementos identificativos que hicieron de otros títulos un éxito de ventas. Es principalmente en las sagas donde más identificamos este continuismo en el estilo de sus portadas, pero la tendencia va mucho más allá. Muchos autores ya se identifican por un diseño concreto de sus envoltorios.







La saga Milenium es uno de los más claros ejemplos de esta tendencia, como también lo es Dolores Redondo.





La apuesta de Stephen King va mucho más allá. La misma portada, el mismo elemento central desde diferentes perspectivas y con una sola variante: el color.











Sagas a un lado, cuando me refería a esas características reconocibles que forman parte de la marca personal de un autor, me vienen a la cabeza dos ejemplos. Parecidos en su colorido, en el tipo de letra y en la elección de los títulos, Blue Jeans y Federico Moccia son conocidos ya por este aspecto diferencial que los identifica.





Lo que nos encontraremos en el interior de estos libros será mejor o peor, gustará más o menos, pero eso ya lo juzgaran los lectores después de deshacer el envoltorio.


jueves, 19 de mayo de 2016

EL EFECTO "LONGSELLER"


¿Publicación tradicional o autopublicación?

Esta es una de las típicas preguntas que me han hecho durante los últimos años. Lo han hecho autores que están empezando, periodistas e incluso algún editor. Precisamente, hace unas semanas, hablando con una persona que se mueve muy bien por los mundos literarios, me decía que le chocaba que algunos autores desechasen de entrada presentar sus obras a una agencia o a una editorial. Hace pocos años, la autopublicación era la opción del "rechazado", de los autores faltos de calidad o de aquellos que simplemente querían escribir un libro como proyecto vital.

Las plataformas digitales han dado un puñetazo en la mesa y la autopublicación se ha convertido en una opción, no en la opción B. Poner a la venta nuestras creaciones en plataformas digitales es relativamente económico, tenemos multitud de herramientas en la red para construir una portada, maquetarla y dejarla con un acabado profesional.

Inconvenientes, sí, a todos nos gusta tener una edición en papel y si apostamos por hacerla, lo más probable es que su distribución sea prácticamente nula. Además, muchos lectores tienen interiorizado el estigma de "fracasado" cuando a sus manos les llega un ejemplar autopublicado. Las grandes librerías, los centros comerciales y las gasolineras no tendrán libros de autores "indies", pero debemos entender que ese espacio está reservado para la élite editorial.

Ventajas, sí, unas cuantas. Nosotros fijamos el precio, gestionamos nuestras ventas y no tenemos que repartir nuestros ingresos con ningún intermediario.

Un autopublicado difícilmente será un bestseller, aunque si me permitís abrir el tarro de mis vanidades, yo lo he sido y muchos otros autores también han saboreado las mieles de un superventas.

Es curioso, porque fue precisamente esa persona que antes refería, la que me confesó que la vida editorial de un libro es de unos tres meses. Seis o siete a mucho estirar. Y es que un bestseller estará un mes en un lugar destacado de la librería y tres o cuatro meses en una estantería ordenada alfabéticamente. Luego perderá fuelle, el librero tendrá un par de ejemplares en stock y al cabo de un año estará descatalogado.
Una de las ventajas de la autopublicación es que el autor, dueño y señor de su proyecto, mantendrá para siempre la llama encendida, porque es suya y tiene el mechero. Luchará por su obra y hará lo posible para que sea visible en las plataformas digitales el máximo tiempo posible.

Ese interés en eternizar la obra, que solo el autor procurará, provoca que los libros -hayan sido o no bestsellers- se conviertan en "longsellers".

Parece mentira, pero La herencia de Jerusalén, mi primera novela, se puso a la venta en Amazon hace ahora cuatro años. En los dos primeros, más de 15000 lectores disfrutaron de las aventuras del profesor Malluck y su trupe. La novela fue un bestseller durante ese tiempo, algo que no hubiese sucedido si hubiese salido a la venta, de entrada, con una editorial tradicional.

Pero han trascurrido otros dos años. Lógicamente, no compran la novela siete mil lectores al año, pero sí que se continúa vendiendo. Cada mes hay medio centenar de descargas y la vaca sigue dando leche, aunque tenga la ubre vieja.

Echo la vista atrás y no cambiaría por nada del mundo ese año y medio en que vendía a destajo, pero no sabéis la ilusión que me hace que la novela se haya convertido en un longseller.


Hasta otro ratito.

martes, 26 de abril de 2016

UN SANT JORDI DESDE EL OTRO LADO


Recuerdo como si fuese hoy un día de Sant Jordi, corría el año 1981 e iba de la mano de mis padres, paseando por Paseo de Gracia, asomando mi naricita por encima de las mesas repletas de libros. Recuerdo que pude ver firmando a alguno de mis autores de la época, aunque me quedo con la imagen de Joaquim Carbó dibujándome una sonrisa bajo su barba blanca. También recuerdo mi disgusto por no poderme acercar a conocer a Michael Ende.

Viví ese día como uno de los más emocionantes de mi vida y me prometí –qué iba a saber yo-, que un día estaría yo firmando libros en una caseta el día de Sant Jordi.

Ese día llegó en el 2010 y, aunque nunca olvidaré ese día, tampoco firmé lo que me hubiese gustado y volví a casa pensando que había sido un día para olvidar.

Durante los años siguientes no he faltado a la cita. De un modo u otro, con mayor o menor éxito, he tenido la oportunidad de estar ahí con mis lectores disfrutando como un enano.

Y es curioso, muy curioso. Este año no me apetecía estar firmando, principalmente porque no quise hacerlo con los mismos títulos del año anterior, pero también porque quería volver a vivir Sant Jordi desde la barrera, pasear tranquilamente por las calles de la ciudad y saludar a compañeros que ese día sí ejercían de escritores.

No obstante, también he descubierto que Sant Jordi va mucho más allá del 23 de abril y que hay muchas actividades que también merecen la pena.

El martes pasado entregué los diplomas a los ganadores del concurso literario organizado por Fem un Llibre a los alumnos de sexto de primaria de l’escola Immaculada Concepció de Gavà y os aseguro que ver las caras de los chavales al ver sus trabajos recogidos en una antología no tiene precio.



El miércoles tuve el placer de charlar con Berta Bruna (Ag. Literaria Sandra Bruna) en un acto organizado por Alpha Espai Coworking. Ambos pudimos ofrecer nuestros propios puntos de vista acerca de los caminos de la publicación (publicación tradicional Vs autor independiente) y, aunque parezca sorprendente, no estaban tan alejados como en un principio pudiese parecer.



El jueves por la tarde me acerqué a la librería La font de Mimir para tratar de poner luz algunos misterios y enigmas de las religiones, el principal hilo conductor de mis últimas obras. Una experiencia más para la saca.


El viernes llegaba a Barcelona María José Moreno y unos cuantos autores nos fuimos de cena en el barrio de Sants para celebrar su llegada y brindar por los lazos de amistad que ha forjado el tiempo. Era un preámbulo de Sant Jordi.

A primera hora de la mañana, desayunamos en casa de Núria con toda la troupe y emprendimos la marcha hacia las repletas calles de Barcelona. Saludamos a Maria Català, a Lola Mariné, a Josep Camps i Francesc Miralles. Lo hicimos también con María José Moreno e Isabel Del Río, cuyos libros fueron a la saca con dedicatoria incluida. Por el camino vimos a Santiago Posteguillo –qué hombre más serio, ¡por Dios!-, a Toni Hill y a un largo etcétera de escritores que no faltaron a la cita.



Este año no hubo cena post-Sant Jordi, ni siquiera una ronda de Gintónics con los amigos. Nos recogimos pronto, antes de las ocho de la tarde, justo cuando la lluvia ponía fin a una jornada como siempre mágica.


lunes, 4 de abril de 2016

SANT JORDI 2016


Este año viviré el día de Sant Jordi desde el otro lado y lo disfrutaré como un lector más. Me apetece pasear por Barcelona y saborear el ambiente de las calles, visitar a autores amigos que estarán firmando en diferentes librerías y disfrutar de un día en familia aprovechando que esta vez, el día del libro cae en sábado.

Pero la festividad de Sant Jordi va mucho más allá de las actividades programadas para el día 23. Durante esa semana me dejaré ver en diversos eventos literarios que me hacen especial ilusión y que me gustaría compartir con todos vosotros.

19 de abril
Estaré en l’escola Immaculada Concepció de Gavà haciendo entrega de los premios del “I Concruso Literario Fem un Llibre” a los ganadores de sexto de primaria.

20 de abril
A las 19:00 estaré charlando en Alpha Espai Coworking junto a Berta Bruna de Ag. Lit. Sandra Bruna en la conferencia: “Los caminos de la publicación” para explicar mi experiencia en el mundo de la autopublicación y presentar el taller literario para adultos que empezará el próximo mes de mayo.
Entrada gratuita. Podéis reservar plaza a través de este enlace: https://goo.gl/clDKe5

21 de abril

También a las 19:00 estaré charlando con los lectores en la llibreria “La Font del Mimir” mientras tomamos un café. Hablaremos de los enigmas de las religiones occidentales y del uso que se ha hecho de la religión para controlar a las sociedades. Lo pasaremos muy bien.


miércoles, 23 de marzo de 2016

EL CAMINO HACIA LA PUBLICACIÓN


En entradas anteriores explicaba algunos trucos prácticos que pueden ser útiles para autores noveles o para personas que se inician en el mundo de la escritura, en otras he intentado aportar ideas para la elección del título, de la portada y de la sinopsis. En mi última entrada os conté algunas de aquellas cosas que todo editor quiere encontrarse cuando recibe un manuscrito, en el fondo, es el editor la persona que decidirá si tu obra es o no publicable.

Pero hoy en día, la publicación nos abre un abanico de oportunidades que hace unos años no teníamos y la tecnología pone a nuestra disposición muchas más facilidades a la hora de publicar. Sí, existe la publicación tradicional, pero también hay otras alternativas.

Es importante saber qué caminos recorrer y que opciones tenemos antes de emprender un proyecto literario. Tener información de todos estos caminos nos evitará frustraciones y desengaños. Es precisamente, "El camino hacia la publicación" el título de la charla que se desarrollará el 20 de abril en Alpha Espai.

Si estáis cerca de Barcelona por esas fechas, os invito a asistir a la conferencia de emprendedores literarios, donde compartiré mesa con Berta Bruna de la Agència Literària Sandra Bruna.



Aforo limitado. Plazas gratuitas.

Para reservar plaza pincha aquí


viernes, 4 de marzo de 2016

QUÉ BUSCA UN EDITOR


Hace unos días hablaba con un buen amigo, también escritor, sobre las diferentes ópticas a través de las cuales un editor puede decidir si nuestras obras son o no publicables. Cada autor tiene su propio estilo y un concepto narrativo innato que solo la técnica puede conseguir variar. Hay autores que gustan de frases cortas, con mensajes directos y sin caer en la virguería. Los otros, adoran dar un triple salto mortal al complemento indirecto y al circunstancial, llenando de adjetivos y acotaciones una frase completamente mundana.

Pero no todo es escribir bien. Es evidente que tener una buena capacidad de redacción es un punto a nuestro favor, pero hay muchos otros factores que influyen antes de que un editor nos pueda dar el “sí quiero”.


FACTORES LITERARIOS

Una buena historia: Un editor busca algo diferente, una trama sorprendente que le enamore y que no se parezca a nada ya publicado.

Una estructura sólida: Toda la historia debe estar bien hilvanada, sin inconsistencias argumentales, con un inicio que enganche al lector y un final que le deje con la boca abierta. Que contenga momentos de tensión, giros y un secreto que revelar.

El ritmo: En la medida de lo posible hay que evitar caer en descripciones largas y tediosas. La acción debe desarrollarse con agilidad, sin decaer ni mantenerse plana durante toda la novela. Hay que tener en cuenta que un lector que se aburre o se va de la historia deja de leer.

El mensaje: Consciente o inconscientemente, toda historia tiene su moraleja. Es importante saber transmitir emociones y remover conciencias. Nuestro relato debe contener esa chispa y esa reflexión que todos esperamos encontrar cuando leemos un libro. 

Los personajes y sus diálogos: Son los conductores de la historia y sus palabras, sus gestos y sus emociones deben provocar que lo que estamos leyendo sea creíble. Nuestros protagonistas lloran, pero también ríen, hacen bromas y se equivocan al hablar. Son torpes, imperfectos, listos y bobos; sus actos transcurren en cotidianidad, como cualquiera de las personas que pasean a nuestro alrededor. Y tienen alma, como todo el mundo.

***

Supongamos que hemos sido capaces de cumplir con las expectativas literarias que un editor espera encontrar en un libro. Nuestra obra es perfecta, cuidada a la perfección y con la etiqueta de publicable, pero…

Hay otros factores que también influyen, y cada vez más, para que el editor nos escriba para firmar el contrato. Sí, pensaréis que son conceptos alejados del romanticismo editorial, pero no hay que olvidar que el editor es el tipo que pone la pasta y debe estar seguro de que no la va a perder. La editorial se preguntará todo esto:


FACTORES EDITORIALES

¿Es comercial?
El editor debe encontrar en esa historia algo que la haga vendible. Que tenga un título sugerente que pueda encajar con el desarrollo de la trama. Debe pensar en una portada que la defina. Si no sabe cómo hacerla comercial, la descartará.

¿Va dirigida a nuestro público?
Los grandes grupos editoriales dividen sus publicaciones en diferentes sellos. Es una manera de segmentar sus libros por temática para fidelizar a un público concreto. Por ese motivo, es muy importante que seleccionéis bien la editorial a la que dirigís vuestra novela.

¿Encaja el perfil de autor en la política de la editorial?
Podríamos contar con los dedos de la mano los autores masculinos de novela romántica. La tendencia indica que el chick-lit está escrita por mujeres y dirigida también a mujeres. Así, a bote pronto, solo se me ocurre el nombre de Federico Moccia, aunque sus novelas van mucho más allá de la historia de amor. Por ese motivo, podría ser un inconveniente escribir romántica si eres un hombre. De igual modo, la ciencia ficción también parece ser una temática de hombres escrita por hombres.

¿Es un autor con imagen?
Atrás quedan aquellos tiempos en que los escritores eran seres sin rostro, que apenas asomaban la nariz en algún que otro evento; egocéntricos que no contestaban a las cartas de sus admiradores o que, literalmente, enviaban a sus fans “a la mierda”.
Ahora es diferente, las editoriales necesitan que los autores sepan mantener un feedback con sus lectores, que estén al día en las redes sociales y que puedan asistir a diferentes actos con su mejor traje y su mejor sonrisa.

¿Puede ensombrecer a otros autores?
Supongamos ahora que hemos cumplido todos los requisitos anteriores. Aún nos queda un escollo, quizá el más común; aunque un editor jamás lo reconocerá en público. Una gran novela de un autor novel podría competir con publicaciones de grandes autores de la propia editorial, obras por las cuales, la editorial puede haber invertido miles y miles de euros. Parecería absurdo que un editor se crease su propia competencia.

***


A pesar de los pesares y, aunque después de leer todo esto podáis pensar que publicar en una editorial es una quimera, todo es posible. Todo es posible…


viernes, 29 de enero de 2016

NOVELA: BRAINSTORMING

Hacía un buen tiempo que no me prodigaba por la bitácora personal y espero que sepáis perdonarme por ello. Durante los últimos meses el trabajo se ha apoderado de mi tiempo, pero os aseguro que todos eran asuntos que merecían este pequeño sacrificio.

Para los que me preguntáis por el estado de mis próximas obras, os iré dando información a cuentagotas; de momento os anunció que la novela histórica que terminé de escribir en octubre ya está en manos de una editorial y, si todo va como está programado, estaremos en librerías este mes de junio. De momento en catalán, a la espera de acabar de cerrar flecos con la edición en castellano. También os avanzo que estoy inmerso en el proceso de escritura de otra historia, esta vez más cercana, y que pretendo cocinar a fuego lento. Está quedando de lujo.

Aprovechando que me he arrancado a escribir en el blog, siguiendo con el espacio de consejos de escritura, hoy me gustaría explicar qué es el brainstorming, que podríamos traducirlo a nuestro idioma como “lluvia de ideas”.



A los que escribimos nos suele pasar habitualmente, que continuamente se nos ocurren ideas para próximos trabajos. A veces en momentos cotidianos, ya sea viendo una película, pelando patatas o esperando en la cola del pan. Otras ideas nos vienen forzadas, cuando alguien, conocedor de nuestra faceta de escritores, nos dice la frase: “Apunta, apunta, que esto te daría para una novela”. Ideas, ideas, ideas… Sí, muchas pueden ser buenas, pero generalmente desaparecen de nuestra memoria con la misma rapidez con la que aparecieron. En mi caso –y supongo que es el de muchos otros escritores-, cuando surge la IDEA, aquella que realmente nos despierta ese sexto sentido, todo se detiene. Es el momento de anotarla y empezar a maquinar.

Ocurre en ocasiones, que muchos libros son fruto de una gran idea –y los lectores así lo identifican-, pero su desarrollo acaba siendo pobre, de manera que nos quedamos con esa agria sensación de no haber conseguido sacar todo el jugo al asunto.

Ante una gran idea, volvámonos locos y seamos un poco freak. Vale la pena marcarse un Dalí durante unas horas. Encerrémonos en una habitación con un embudo por sombrero y llenemos las paredes de post-it, dejemos que nuestra imaginación se desborde. Tenemos que anotar todo aquello que se nos ocurre, por inverosímil que parezca. Creemos personajes divertidos, toscos, malos y bonachones; imaginemos escenarios, épocas y sucesos que residen en nuestra memoria. Cread, cread, malditos…

Después del ataque de locura es el momento de encontrar nuestro lado más racional. Recopilemos todas las anotaciones y pongámoslas todas en común.

En una primera fase nos quedaremos con diez ideas y seis personajes. Busquemos a los protagonistas e intentemos identificar cuáles de ellos son más aptos para interpretar las ideas. Pensad en el narrador, el director de orquesta, y considerad si será un acompañante o la voz del protagonista.

En una segunda fase discriminaremos escenarios, personajes e ideas, desechando todo aquello que realmente no nos aporte nada. Importe: desechar no es lo mismo que descartar. Guardad lo que no os convenza, que nunca se sabe…

Durante el proceso de escritura, muchas de las ideas seleccionadas se transformarán e irán evolucionando, los personajes crecerán o perderán un poco de fuerza, pero es importante que seamos fieles al resultado de esa lluvia de ideas que engendraron nuestra obra.


                                “La única diferencia entre un loco y yo, es que el loco 
                                cree que no lo está, mientras yo sé que lo estoy”

                                                                                  Salvador Dalí

                                                                                 Pintor catalán


miércoles, 11 de noviembre de 2015

LA ESPERA QUE NOS DESESPERA



En un mundo donde la inmediatez forma parte de nuestro día a día, cada vez tiene menos cabida la espera y nuestra paciencia puede convertirse fácilmente en desesperación. Estamos acostumbrados a gestionar muchos de nuestros trámites a través de la red, sentados en una silla y acortando los plazos que años antes parecía imposible hacer más cortos, el cine también nos da esa inmediatez que no nos da el libro –aunque estaréis conmigo que siempre será mejor la obra escrita-. O el microondas, con el que podemos preparar una cena en cuatro minutos y sin ensuciar los fogones.

Y es que todo se gestiona más rápido. Con una simple llamada o un solo click. Todo está en nuestras manos en un abrir y cerrar de ojos, de modo que podemos gestionar mejor nuestro tiempo para perderlo en otras fruslerías.

Por este motivo, cuando vamos al médico y nos morimos de asco en una sala de espera mientras aguardamos a que alguien entre en ella y diga nuestro nombre en alto, nuestra paciencia se convierte en desesperación.

Sirva toda este farragoso preámbulo para introducir el tema que quería tratar hoy en este espacio: el proceso editorial y sus esperas.

Efectivamente, uno no puede evitar ponerse las manos a la cabeza cuando le explican que la vida habitual de un libro en una librería es de unos tres meses. Es algo demasiado efímero y cruel para la gran cantidad de esperas que ha tenido que soportar su autor.

Y es que muchos lectores desconocen el largo proceso que implica la elaboración de un libro y la gran cantidad de esperas que su autor se ha encontrado en su camino. Hay que tener en cuenta que antes de empezar a escribir ha habido una fase de documentación y ambientación en la que, dependiendo del grado de necesidad documental, nos impide empezar con la inmediatez que quisiéramos. El proceso de escritura es quizá el periodo más relajante y en el que el autor puede comprobar que todo fluye, todo avanza. El vía crucis empieza al terminarlo.

Ayer una lectora se interesaba por la fecha en la que saldría publicado mi último trabajo –aclaro que terminé de escribirlo y revisarlo hace pocos días-. La cuestión es que le dije la verdad, que esperaba que estuviese listo para el próximo verano. La lectora en cuestión esperaba encontrarme en Sant Jordi firmando la nueva novela, justo premio después de muchos meses de trabajo, pero no, ella deberá esperar mientras el autor deberá desesperar.

Las editoriales necesitan cocinar las obras a fuego lento, con el cariño de la calma, haciendo ese chup-chup de los fogones que hace que la salsa amalgame los sabores de todos sus ingredientes. Mientras, el autor devora sus uñas mientras se pregunta si las editoriales no deberían tener algún microondas a mano.

Desde que el autor entrega su obra hasta que es leída y tiene su correspondiente informe de lectura pueden pasar semanas, incluso meses; un espacio de tiempo en el que el autor debe convivir con sus dudas, con sus miedos y con la guadaña de la incertidumbre sobre su cabeza. Pasado ese mal trago, cuando por fin nuestro editor nos llama y nos habla como si hubiésemos hablado ayer, sin considerar el tiempo que estuvimos esperando noticias suyas, llega otra fase: el editing. Supongamos que el editor nos dice que nuestro trabajo es publicable, que le gusta y que apuestan por él. Llega el momento de recortar, de cambiar, de mover, de enriquecer y de empobrecer, de poner comas donde tú no querrías, de replantearte el título o suprimir el prólogo; ese momento en el que dudas si incluir o no a tu editor en los agradecimientos.

Una vez hechos todos los cambios que el editor te ha sugerido/ordenado, el autor vuelve a entregarle el trabajo y entonces retrocedemos a la fase dos. El editor tiene que volver a leer la novela para comprobar que todos los cambios sugeridos se han aplicado correctamente. De nuevo, el proceso durará semanas y/o meses. Volverán las dudas y el autor se preguntará si después de tantos cambios, la trama sigue siendo sostenible.

Pasado un tiempo, nos llamará el editor, cuando nuestra desesperación ya es mayúscula, y nos dirá que los cambios están bien hechos y envían el material al corrector para acabar de pulir la novela.

Es en este momento cuando el silencio es aún más cruel, parece que todo se detiene y no hay manera de avanzar. La editorial está estudiando la tirada de la edición, la fecha de salida, diseñando la portada y trabajando la sinopsis. Mientras, el autor sigue desesperando.

Cuando ya crees que tu obra será póstuma y nunca llegarás a verla publicada, un día te llaman, y te hablan como si hubieseis hablado por última vez dos días antes. Te explican que la edición está preparada y maquetada y que nos envían las galeradas para que le echemos un último vistazo. Revisas a la velocidad de la luz, para comprobar que todo está correcto y lo envías con la sensación de que el suplicio ya ha terminado. Pero no…

Y entonces la novela va a imprenta, aunque nunca podrías imaginar que se encargaría de hacerlo el mismísimo Gutemberg con una máquina del siglo XV. ¿Por qué tardan tanto en imprimir?


Pero el gran día llega y el editor te dice la fecha de salida que tanto habías estado esperando. Generalmente te la anuncian con un mes o un mes y medio de antelación, tanta, que de nuevo resulta desesperante.

martes, 26 de mayo de 2015

NOVELA: LA EXPRESIÓN CORPORAL


Es sabido que la gesticulación es un complemento instintivo de la comunicación oral que nos sirve para enfatizar o hacer más comprensibles nuestras explicaciones. El movimiento de nuestras manos, el semblante de nuestro rostro cuando recibimos una mala noticia o nos hacen reír, la contracción que instintivamente adopta nuestro cuerpo cuando tiene frío... Los psicólogos pueden saber mucho de nosotros a partir de nuestros gestos: cuando nos cruzamos de brazos, cuando nos mordisqueamos el pulgar o cuando nos acariciamos el pelo mientras hablamos. A partir de ellos, podemos saber si nuestro interlocutor es una persona receptiva, nerviosa, que nos esconde algo o, al contrario, alguien que sus gestos denota transparencia.

Si en la comunicación oral resulta imprescindible el apoyo constante de ese lenguaje gestual, cuando novelamos no debemos olvidar hacer uso de él para llenar de vida a nuestros personajes. El lector necesita saber que nuestro personaje sufre, está nervioso o preocupado. Debemos dotarlo de una personalidad a través de sus expresiones corporales de modo que el lector pueda relacionar el diálogo de un personaje con los gestos que lo acompañan.

Para facilitar esta labor podéis usar algunos de estos conectores gesticulares, usados muy a menudo por los escritores.

PREOCUPACIÓN o REFLEXIÓN:
- Fruncir el ceño
- Pasear los dedos por la frente
- Agitar el pie bajo la silla
- Frotarse las manos

AGOBIO
- Desabrocharse el botón de la camisa
- Abanicarse con la mano
- Sequedad en la lengua
- Sudoración

RELAJACIÓN
- Reposar el brazo en el sillón
- Estar recostado
- Con las manos entrelazadas sobre la barriga

ACTUANDO CON OTROS PERSONAJES
- Rodear el brazo por la cintura
- Apoyar los brazos en los hombros
- Palmear la espalda para infundir ánimos o felicitar

ASOMBRO
- Arquear las cejas
- Ojos que se abren producto de la perplejidad
- Boca ligeramente abierta

MIEDO
- Abrazarse a uno mismo
- Palidez  en la cara
- Sudoración fría

AFIRMACIÓN Y NEGACIÓN
- Asintió
- Disintió
- Afirmó con la cabeza
- Negó con la cabeza

EMOCIONES
- Ojos empañados
- Labios prietos y temblorosos
- Soltar un respingo, hipar, cubrirse la cara con las manos
- Dibujar una sonrisa
- Esbozar una sonrisa

Hay muchos más conectores y expresados al antojo del autor.

El narrador tiene la misión de incorporar a los diálogos todos estos efectos gestuales para dar más vida a los personajes. En las acotaciones de los diálogos podemos incorporar algunos de ellos, pero sin caer en el exceso; podemos usar un párrafo corto para ofrecérselos al lector.

Por ejemplo:

—Eso no puede ser cierto —intervino Toni llevándose las manos a la cabeza.

*Con esta acotación y sin necesidad de dar muchos detalles, el lector conocerá que a Toni le preocupa mucho la noticia que acaban de darle.

Si narramos la expresión corporal en un párrafo podemos hacerlo de manera más extensa y así transmitir el sentir del personaje a través de sus gestos.

La imagen de ese cadáver con el cráneo esparcido por las paredes de la habitación le provocó una náusea. Toni sintió como su rostro palidecía y un sudor frío subía por su espalda hasta hacerlo estremecer. El pecho le oprimía y le faltaba el aire. Con un rápido gesto aflojó el nudo de su corbata y se desabrocho un par de botones. Se sentó en el sillón, se abrazó la cabeza y la hundió entre sus piernas.

*De manera descriptiva nutrimos al lector de elementos gestuales que enriquecen al personaje.




lunes, 30 de marzo de 2015

TÍTULOS RIDÍCULOS DE LA LITERATURA Y SU ÉXITO

Titular una obra es algo que debería ser tan simple como natural. Según los cánones tradicionales de la edición, el título representa la esencia del libro, una palabra o una frase con la que el lector identificará el contenido de la historia que hay tras la portada. Pero con el tiempo, el propósito del título ha ido cambiando a la vez que cambiaban los mecanismos editoriales y el tratamiento comercial de los libros.

Definidos por el concepto básico de representación de la esencia, todos podemos recordar títulos como Los tres mosqueteros, Don Quijote de la Mancha, Romeo y Julieta o La isla del Tesoro. Todos ellos son clásicos universales en los que su título nos orientaba del contenido que íbamos a encontrar debajo de la portada, sin sorpresas ni engaños. Más adelante, algunos autores, también considerados clásicos, titularon algunas de sus obras con títulos que invitaban a descubrir su significado. El principito, El perfume, El nombre de la rosa o 1984. ¿Por qué “el principito”?, ¿qué esperábamos encontrar tras “El perfume”?, ¿las rosas tienen nombre?, ¿Qué ocurrirá en 1984?

Y llegamos a épocas más recientes, donde todo libro lleva consigo un sofisticado plan de promoción, donde los editores tienen en cuenta muchos factores, no sólo los puramente literarios. Un título atractivo, sugerente y fácil de recordar puede alzar un libro hasta la gloria o hundirlo en la miseria. Muchos títulos son apuestas arriesgadas, aunque si nos fijamos en los resultados de ventas, suelen ser óptimos.

El rey de los títulos originales es el afamado Steig Larsson y para muestra los tres títulos de su saga “Milenium”. El autor sueco ha conseguido identificar sus libros con títulos que, a simple vista, podríamos tachar de estrafalarios.


En los últimos años, muchos otros autores se han subido al carro del título original y nos han dejado estas perlas. Todos ellos tienen o han tenido una repercusión mediática que difícilmente hubiesen tenido con un título más convencional.


Jonas Jonasson ha vendido más de quince millones de ejemplares de su novela "El abuelo que saltó por la ventana y se largó". Su obra fue adaptada al cine posteriormente.



 Pablo Tusset ha vendido cientos de miles de ejemplares de esta hilarante novela. ¿Quién puede abstenerse de consular la sinopsis tras ver un título tan original? La historia también ha sido adaptada al cine.
Spencer Jonhson consiguió hacer llegar la parábola de este libro de motivación a millones de lectores de todo el mundo con una portada simple y plana.











Así pues, nunca está de más darle un par de vueltas más a los títulos de nuestras obras, puesto que un título ridículo podría ser el detonante de un gran éxito.

viernes, 20 de marzo de 2015

NOVELA: EL USO DEL GUION LARGO EN LOS DIÁLOGOS




Uno de los problemas de ser autodidacta es que crees que lo haces bien hasta que un profesional de ti se jacta y a mí me ha ocurrido unas cuantas veces, de modo que nunca está de más que los nuevos talentos empiecen con la lección aprendida. Uno de mis primeros errores fue confundir el guion largo de los diálogos con el guion corto, usado para dividir palabras. No es un error garrafal pero evidencia nuestra poca profesionalidad a la hora de maquetar nuestras obras.

En ese sentido, es recomendable que si enviamos nuestras obras a una editorial o a un agente literario, tengamos en cuenta que su buen uso es imprescindible.

Vamos a ver su uso.

Cuando empezamos un diálogo solemos hacerlo en un párrafo nuevo, con una sangría moderada y el guion. Debemos tener en cuenta, que el texto del diálogo debe ir pegado al texto.

Generalmente los teclados solo tienen el guion corto (-) y no el largo (—). Para poderlo activa podéis usar la combinación de teclas Alt+0151

Con un ejemplo lo veremos mejor:

          —Estuve tres días encerrado en ese maldito zulo, Clara.
          - Estuve tres días encerrado en ese maldito zulo, Clara.

Hasta aquí todo parece sencillo, pero se complica en el momento en que el narrador acota el diálogo. Vamos a verlo por partes y empezaremos por la acotación a final de frase.

          —Siento mucho lo ocurrido —dijo Clara.

No pondremos puntuación final al diálogo, lo haremos después de la anotación. Hay que tener en cuenta que dejaremos un espacio al finalizar el diálogo antes de guionar y acotar y la acotación empieza en mayúscula. Tras la acotación pondremos el punto final.

Vamos a complicarlo más, de modo que veremos un ejemplo de cómo usar los guiones cuando la acotación interrumpe el diálogo.

          —No fue culpa tuya, Clara —contestó Toni—, no estaba en tus manos.

La acotación del narrador lleva el guion pegado delante y detrás. La puntuación del diálogo irá inmediatamente después del guion de cierre, nunca delante. Como hemos visto antes, con la acotación en minúscula. <<<Esta norma la usaremos cuando la acotación la hagamos con un verbo relacionado con “decir”>>> p.e.: dijo, repuso, contestó, indicó, propuso, susurró, gritó…

Pero entonces, ¿cómo debemos acotar un diálogo cuando hacemos una acotación no relacionada con el verbo “decir”?

Observemos este diálogo:

          —Lo sé, yo me metí en este embrollo. —El muchacho acarició su angulado mentón—. Fue culpa mía.

El narrador acota la frase para explicar una acción, de modo que las dos partes del diálogo serán independientes de esa interrupción. Ponemos punto al final de la primera frase del diálogo, acotamos y escribimos en mayúscula la primera letra de la acotación, añadiendo un punto tras el guion de cierre. Luego seguimos el diálogo.

Es recomendable no incluir múltiples acotaciones en una misma frase puesto que pueden confundir al lector. Diálogos cortos y acotaciones las justas.

martes, 10 de marzo de 2015

ESCRIBIR NOVELA: BUSCAR LA ESENCIA

Confeccionar una historia, tejer diferentes tramas y aliñarlas con un ritmo ágil para que el lector disfrute de cada línea no es tarea fácil y por ese motivo debemos ser capaces de transmitir con concreción lo que queremos explicar.
Toda historia parte o, debería partir, de un eje sólido, un argumento pensado que contenga giros, que esconda lo que acontece en los capítulos siguientes y que atrape al lector. En ese sentido es importante ser concretos, no deambular en descripciones farragosas y no caer en la trampa de florear nuestra historia con paja innecesaria.
Como ya expliqué en un post anterior, recomiendo preparar una estructura de la novela, aunque sea una simple escaleta, con una enumeración de acontecimientos y la entrada y salida de personajes. Esta estructura nos será muy útil para evitar el “síndrome del folio en blanco”, para no perdernos en subtramas que no aportan nada y para tener bien preparado ese final inesperado con el que buscamos sorprender.
Hay muchas técnicas de escritura que pueden ayudarnos a la hora de tejer con precisión una trama sin que nos olvidemos de los puntos esenciales que hacen especial la historia que queremos narrar. Entre todas esas técnicas os propongo un ejercicio que practico desde hace unos años y que me es de gran utilidad para cribar entre lo esencial y lo superfluo.
Primeramente hago un relato de dos o tres páginas que resume la novela que tengo en mente, escrito sin diálogos, únicamente con la voz del narrador. En esas dos o tres páginas podemos condensar a la perfección lo que pretendemos contar y lógicamente obviamos toda la paja descriptiva o la presentación física y psicológica de los personajes. Durante este proceso de escritura comprobaremos que nos surgen nuevas ideas para incorporar a la estructura previa y que algunas de las escenas preconcebidas acabarán siendo subestimadas.
Una vez escrito el resumen de la novela es el momento de identificar las esencias, los giros y los puntos fuertes, en definitiva, aquellos elementos que hacen que nuestra historia sea potente. Para ello, deberemos hacer un complicado ejercicio de síntesis con el que desgranaremos aún más el contenido. Es el momento de releer el relato que hicimos y hacer de él un microrrelato de 400 o 500 palabras. Este micro debe contener los elementos básicos de toda narración (introducción, nudo y desenlace), además de todos aquellos componentes imprescindibles que abordará la novela. Después de hacer este ejercicio nos daremos cuenta de la cantidad de adverbios, adjetivos y frases que nos sobran.
Al hacer el microrrelato debemos centrarnos en la acción y evitar divagaciones. Aprenderemos a llegar hasta nuestra idea principal por un camino mucho más rápido, de modo que, aunque incluyamos ese suspense obligado, el lector no pueda aventurar el impacto que le espera. Si divagamos mucho hasta ese momento de impacto, el lector descubrirá con antelación que el mayordomo es el asesino. Y no queremos eso.

Una vez encontrada la esencia es el momento de empezar a escribir la novela y de ir tejiendo la trama, los giros y los personajes que darán vida a nuestra historia. Durante el proceso de escritura y, a medida que avancemos, nos daremos cuenta de que ese ejercicio de síntesis nos condiciona para que nuestro subconsciente evite que nos incursionemos en esos capítulos paja que tanto molestan a los lectores.