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martes, 26 de abril de 2016

UN SANT JORDI DESDE EL OTRO LADO


Recuerdo como si fuese hoy un día de Sant Jordi, corría el año 1981 e iba de la mano de mis padres, paseando por Paseo de Gracia, asomando mi naricita por encima de las mesas repletas de libros. Recuerdo que pude ver firmando a alguno de mis autores de la época, aunque me quedo con la imagen de Joaquim Carbó dibujándome una sonrisa bajo su barba blanca. También recuerdo mi disgusto por no poderme acercar a conocer a Michael Ende.

Viví ese día como uno de los más emocionantes de mi vida y me prometí –qué iba a saber yo-, que un día estaría yo firmando libros en una caseta el día de Sant Jordi.

Ese día llegó en el 2010 y, aunque nunca olvidaré ese día, tampoco firmé lo que me hubiese gustado y volví a casa pensando que había sido un día para olvidar.

Durante los años siguientes no he faltado a la cita. De un modo u otro, con mayor o menor éxito, he tenido la oportunidad de estar ahí con mis lectores disfrutando como un enano.

Y es curioso, muy curioso. Este año no me apetecía estar firmando, principalmente porque no quise hacerlo con los mismos títulos del año anterior, pero también porque quería volver a vivir Sant Jordi desde la barrera, pasear tranquilamente por las calles de la ciudad y saludar a compañeros que ese día sí ejercían de escritores.

No obstante, también he descubierto que Sant Jordi va mucho más allá del 23 de abril y que hay muchas actividades que también merecen la pena.

El martes pasado entregué los diplomas a los ganadores del concurso literario organizado por Fem un Llibre a los alumnos de sexto de primaria de l’escola Immaculada Concepció de Gavà y os aseguro que ver las caras de los chavales al ver sus trabajos recogidos en una antología no tiene precio.



El miércoles tuve el placer de charlar con Berta Bruna (Ag. Literaria Sandra Bruna) en un acto organizado por Alpha Espai Coworking. Ambos pudimos ofrecer nuestros propios puntos de vista acerca de los caminos de la publicación (publicación tradicional Vs autor independiente) y, aunque parezca sorprendente, no estaban tan alejados como en un principio pudiese parecer.



El jueves por la tarde me acerqué a la librería La font de Mimir para tratar de poner luz algunos misterios y enigmas de las religiones, el principal hilo conductor de mis últimas obras. Una experiencia más para la saca.


El viernes llegaba a Barcelona María José Moreno y unos cuantos autores nos fuimos de cena en el barrio de Sants para celebrar su llegada y brindar por los lazos de amistad que ha forjado el tiempo. Era un preámbulo de Sant Jordi.

A primera hora de la mañana, desayunamos en casa de Núria con toda la troupe y emprendimos la marcha hacia las repletas calles de Barcelona. Saludamos a Maria Català, a Lola Mariné, a Josep Camps i Francesc Miralles. Lo hicimos también con María José Moreno e Isabel Del Río, cuyos libros fueron a la saca con dedicatoria incluida. Por el camino vimos a Santiago Posteguillo –qué hombre más serio, ¡por Dios!-, a Toni Hill y a un largo etcétera de escritores que no faltaron a la cita.



Este año no hubo cena post-Sant Jordi, ni siquiera una ronda de Gintónics con los amigos. Nos recogimos pronto, antes de las ocho de la tarde, justo cuando la lluvia ponía fin a una jornada como siempre mágica.


martes, 13 de octubre de 2015

UNA DULCE ENCRUCIJADA



Empecé este mes de octubre barruntando sobre el futuro, intentando comprender si la lógica a veces escapa de sí misma y si el recorrido de un autor está en manos de su público.

Y me explico…

Siempre he presumido de escribir novelas de diferente temática, priorizando el placer de escribir lo que me plazca como principio básico del arte de crear historias. Empecé escribiendo relatos de terror y luego me lo pasé en grande escribiendo un libro de humor que tuvo una fantástica acogida. El éxito llegó tras escribir La herencia de Jerusalén, una novela de ficción histórica con etiqueta de thriller que me permitió fidelizar a unos cuantos miles de lectores. Quizá fue un error por mi parte -aunque de nada me arrepiento-, que después de los méritos de la novela anterior, intentase sorprender a mis lectores con una historia intimista de corte romántico. Las leyes de Hermógenes era una historia que necesitaba que viese la luz por muchas razones, razones que ahora mismo no vienen a cuento. Creedme que necesitaba hacerlo.

Ocurrió que la novela gustó y mucho, aunque no llegó al mismo perfil de lectores que había afianzado con La herencia de Jerusalén. Tardé en comprender las razones por las que mis primeros lectores no me acompañaron en mi nueva obra. La respuesta estaba ahí y la tenía yo mismo: yo soy el primero que ciño mis lecturas a unas temáticas muy determinadas. Ergo es comprensible que la mayoría de la gente escoja sus lecturas bajo la misma premisa.

Y entonces publiqué La morada deYahveh, segunda parte de La herencia de Jerusalén, volviendo a la fórmula que sedujo a miles de lectores dos años antes. Cabe decir que, aunque me sentí cómodo regresando a ese formato de thriller histórico y religioso, el esfuerzo documental de este tipo de novelas es muy elevado y antes de empezar el proyecto que actualmente tengo entre manos volví a dudar de cuál debía de ser mi camino. Finalmente me decidí por una novela histórica pura, desarrollada en el siglo VI a.C., época difícil de documentar por su vago registro histórico.

A fecha de hoy os puedo anunciar que la novela estará acabada dentro de pocas semanas y si todo va bien, saldrá publicada en junio del 2016. Ahora empieza una fase larga y tediosa, llena de correcciones, informes de lectura y un largo etcétera de procesos que espero culminen en una obra impecable que guste y se venda. Es en estas fechas, cuando estoy acabando un proyecto, cuando mi cabeza empieza a tejer historias y a buscar un nuevo argumento para mi próximo trabajo. Momento en el que me encuentro de nuevo en esa dulce encrucijada.

¿Debo definirme como un autor de género o debo obedecer a los impulsos de mi imaginación y desmarcarme de una línea editorial que me convierta en un autor indefinido?

Y la lógica parece no serlo, o viceversa. Presumir de ser un autor de múltiples registros o uno que ofrece a sus lectores lo que realmente esperan de él. That’s the question!







martes, 22 de septiembre de 2015

ANÉCDOTAS DE QUIEN LES ESCRIBE


Una de las cosas más gratificantes que le puede ocurrir a alguien que dedica gran parte de su tiempo a tejer historias y a dejarse los ojos delante de un monitor es, y de largo, recibir el feedback de los lectores. Ya sea a través de reseñas en blogs, comentarios en Facebook y Twitter o a través del correo electrónico, nunca dejaré de agradecer la cortesía de la gente que regala unos minutos de su tiempo para compartir su experiencia conmigo o con otros lectores. Precisamente, a través de la web recibí hace pocos días una misiva que me hizo especial ilusión y es de justicia que la comparta con todos vosotros.

Como anécdota es "la repanocha"! -término más adecuado que "la hostia"- y nunca imaginé que algo así pudiera suceder.

Voy al grano...

A modo introductorio, tanto para los que habéis leído alguna de las novelas en cuestión o no, Claudia Carusso es el nombre de uno de los protagonistas de La herencia de Jerusalén y de La morada de Yahveh, un nombre y un apellido escogidos completamente al azar y, como podéis comprobar, no es un nombre especialmente común.

Ya he explicado en alguna ocasión que suelo perfilar a mis personajes basándome en una fotografía de algún actor, una manera de tener siempre en mente la cara del personaje. En el caso de Claudia Carusso, me inspiré en la actriz Kristen Stewart, que interpretó el papel de protagonista en la película "Crepúsculo"; una tía guapa e inteligente que cuadraba a las mil maravillas con el tipo de personaje que tenía diseñado. Para mí, hasta este domingo, Claudia Carusso era Kristen Stewart pero...

...resulta que el pasado domingo recibí un mensaje de una mujer que vive en Argentina y que -agárrate que vienen curvas- se llama Claudia Carusso. Creo que ella se ha quedado más sorprendida que yo al descubrir que una de las protagonistas de una saga que ha llegado a más de 15000 lectores se llama igual que ella. Y claro, no ha podido resistirse a contactar conmigo.

En fin, que ahora me carteo con mis personajes.

Este es el mensaje de Claudia Carusso: